Conferencia inaugural Villanueva 2004

 

J. M. VEGA PIQUERES

 

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular. Universidad de Sevilla. 39071 Sevilla

 

 

 

LA ALIMENTACIÓN SANA EN LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR

 

 

 

1. Sociedad del bienestar o sociedad de consumo

 

La sociedad en los países desarrollados, como el nuestro, tiene unas características definitorias, como, por ejemplo es el alto grado de industrialización, buenas comunicaciones, infraestructuras confortables. Las ciudades concentran grandes masas de población, se llenan de coches y están habitualmente contaminadas. Las casas tienen calefacción/aire acondicionado, electrodomésticos y albergan familias con pocos hijos y acomodadas. El ciudadano suele tener alto poder adquisitivo y es consumista por excelencia, trabaja mucho, vive muy deprisa, come rápido y mal y es sedentario. Fuma, bebe y está sometido a un alto estrés, por lo que su riesgo de presentar enfermedades degenerativas, sobretodo de tipo cardiovascular, es muy alto.

 

El consumo es un hecho diferencial de nuestra sociedad, y lo identificamos con frecuencia con el bienestar. Curiosamente, en esta sociedad de consumo hay un gran número de personas que se sienten muy solas, que no hablan con nadie (no como en las sociedades menos desarrolladas, donde existe una mayor interacción entre las personas) y por tanto, ver frecuentemente la televisión, o el ir a unos grandes almacenes o complejos comerciales, es su forma de interaccionar socialmente, que necesariamente implica consumir. El consumo básico, es decir nuestras necesidades nutritivas, pone de relieve una dieta defectuosa que está detrás de importantes problemas de salud, por lo que si ahora adquirimos conciencia de nuestros defectos dietéticos, mañana gozaremos de una buena calidad de vida. Sólo por medio del conocimiento llegaremos a ser ciudadanos libres.

 

 

 

2. Ingesta de alimentos: factores que influyen en la dieta

 

La dieta es el conjunto de alimentos que ingerimos con regularidad para abastecer nuestras necesidades. Los factores que influyen en nuestra dieta son, entre otros, la necesidad, apetito y placer, la producción de alimentos, y sobretodo la manipulación social.

 

 

 

a) La necesidad

 

El hombre necesita que los alimentos le suministren energía para mantener las funciones vitales, el trabajo desarrollado por los órganos internos, el corazón, los pulmones, etc., así como el trabajo muscular, andar, correr, etc. Los combustibles alimentarios son carbohidratos, lípidos y proteínas, que hemos de ingerir de forma equilibrada y compensada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la proporción 60:30:10, para los combustibles en la dieta, en el sentido que el total de la energía sea suministrada, un 60% por carbohidratos, no más del 30% por lípidos y no más del 10% por proteínas.

 

Los seres vivos son máquinas termodinámicas que trabajan a temperatura y presión constantes. Pueden utilizar, como fuente de energía, la luz solar (organismos fotoergónicos) o la energía química asociada a los enlaces de moléculas orgánicas reducidas (organismos quimioergónicos), pero no pueden utilizar calor. La Bioenergética es el estudio cuantitativo de las transacciones energéticas que ocurren en los seres vivos, así como la naturaleza y función de las reacciones químicas que subyacen.

 

Toda reacción química está influenciada por dos fuerzas; 1) la tendencia a alcanzar unos enlaces más estables (que representa la entalpía, H) y la tendencia a alcanzar el más alto grado de desorganización (que representa la entropía, S). El cambio de energía asociada a una reacción química vendría dado por la siguiente expresión, ∆G = ∆H - T∆S, siendo T la temperatura absoluta, en grados K. La forma que tienen los seres vivos de utilizar la energía de Gibbs, es recogerla, antes de que se libere como calor, en forma de enlace rico en energía, como es el caso del ATP (compuesto rico en energía). El ATP puede donar su energía fosforilando un compuesto, o bien acoplando su hidrólisis a una reacción endergónica, para que la suma global de las dos reacciones sea exergónica. En el caso particular de las reacciones redox se pueden producir también compuestos energéticos redox, como NAD(P)H, FADH2, o FMNH2.

 

Además, no hay que olvidar que los alimentos también deben proporcionarnos los nutrientes esenciales para completar y renovar toda las estructuras que se desgastan continuamente o bien el crecimiento y el mantenimiento óptimo de nuestro metabolismo. Entre aminoácidos, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales necesitamos unos 50 nutrientes diferentes, cuya garantía de abastecimiento sólo es posible con una dieta variada.

 

 

 

b) Apetito y placer

 

La ingesta de alimentos es de tanta importancia para la supervivencia del individuo que existe una permanente tendencia a comer, que está a su vez inhibida por el sistema neuroendocrino. El sentido del gusto condiciona mucho el tipo de alimentos que ingerimos, sobretodo en niños y mayores. Cada una de las papilas o botones gustativos de la lengua contiene 100 receptores que responden a diferentes sabores: dulce, salado, agrio, ácido, y glutamato (proteínas), además también se cree que podemos percibir las grasas. Estás células se estimulan y envían su señal eléctrica hasta el cerebro. El sabor dulce es ampliamente aceptado por la población y la industria alimentaria no sólo usa, sino que abusa de él en los alimentos. Es importante indicar que nuestra dieta ha de ser variada y que con frecuencia lo que nos gusta no es lo que nos conviene.

 

En este contexto tenemos la obesidad que es un trastorno metabólico crónico caracterizado por un balance energético positivo a lo largo del tiempo, que conduce a un depósito graso excesivo. Para ser más precisos, se considera obesidad al exceso de peso referido a una edad, sexo y talla determinada. La obesidad ha sido denominada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) la epidemia del siglo XXI, debido a su influencia y a su incremento en los últimos años. Se puede medir en términos clínicos por el índice de masa corporal (IMC) que es el factor resultante de dividir el peso del individuo, en kilos, por el cuadrado de la estatura, en metros. Si el IMC resultante es menor de 25 kg/m2 estamos dentro de la normalidad, si está entre 25-30, se trata de personas preobesas, si es superior a 30 existe obesidad, y si fuera superior a 40 estaríamos ante casos de obesidad mórbida. La obesidad se manifiesta en diferentes épocas de la vida y ha pasado de ser un problema estético a una enfermedad que ocasiona graves problemas personales, sanitarios y sociales. El 13,4% de la población española tiene problemas de obesidad, siendo un 11,5% hombres y un 15,2% mujeres, y ello ocasiona costes superiores a 2.500 millones de â,?/año. Estas cifras aumentan con la edad, pues además el envejecimiento influye en la distribución del tejido adiposo, que se concentra en el abdomen. La obesidad se muestra en torno al 22% en hombres y al 32% en mujeres cuando se han alcanzado los 60-65 años. Lo preocupante es que la obesidad ha aumentado significativamente en la última década, de modo que para el año 2030 se calcula que el 50% de la población en las sociedades desarrolladas será obesa.

 

La dieta hipercalórica y el sedentarismo son las causas que generan el depósito de grasa en el cuerpo, pero además hay factores de riesgo, de tipo personal o ambiental. La idea de una predisposición congénita a la obesidad está recogida desde 1842 en los tratados de medicina, pero los estudios a nivel molecular empezaron hace unos diez años. Las primeras mutaciones responsables de la obesidad se descubrieron en 1994 en el ratón, y en 1997 en el hombre. Hoy hay inventariados una serie de genes en ratones en los que una mutación provoca obesidad, siendo el más importante el gen responsable de la producción de la hormona llamada leptina, una proteína producida por los adipocitos, que informa al cerebro del estado de las reservas energéticas y produce una regulación del apetito y de la masa corporal. Actúa sobre el hipotálamo y hace que este segregue una serie de sustancias y genere una serie de eventos que conducen a la disminución de la ingesta. Existen personas que carecen de leptina, no pueden controlar la ingesta y ello les acarrea una obesidad severa. Por otra parte, si se le inyecta leptina de forma controlada, el paciente adquiere un peso normal para su edad.

 

Por otra parte, también intervienen en el control de la ingesta alimentaria y del gasto energético, las hormonas tiroideas, corticoides, insulina y endorfinas, con la participación de muchos genes que inciden en una mayor o menor predisposición a la obesidad. Los espectaculares progresos conseguidos en el conocimiento del genoma humano auguran importantes avances en el tratamiento de la obesidad.

 

La "Metropolitan Insurance Company" identificó en 1959 la relación entre exceso de peso y mortalidad anticipada. Estudios recientes han determinado que a partir de un IMC de 25 la mortalidad en adultos obesos aumenta un 30%. Los fallecimientos anticipados que se relacionan con la obesidad se deben principalmente a enfermedades cardiovasculares y cáncer, especialmente de colon.

 

Lo adecuado para tratar la obesidad es un plan estratégico integrado, que incluye principalmente la modificación de los hábitos alimentarios y el aumento del ejercicio físico. Los avances científicos y técnicos están permitiendo conocer con mayor rigor científico los mecanismos íntimos que determinan el desarrollo de la obesidad y, por tanto, su tratamiento. Sin embargo, la prevención es la mejor arma terapéutica para un problema de tan importantes consecuencias para la economía de un país y la salud de sus ciudadanos. Invertir en educar a la población desde la infancia, informar y saber como conseguir una alimentación equilibrada, despertando el interés por el ejercicio físico, es el camino que hemos de seguir.

 

 

 

c) La producción de alimentos

 

Con el desarrollo de la industria del frío, que permitió una mayor y mejor conservación de los alimentos, aumentaron las industrias alimentarias y los alimentos manufacturados en los mercados. Por otra parte, las nuevas tecnologías han llegado a la agricultura sostenible y los alimentos transgénicos son el paradigma de los nuevos alimentos que ya inundan nuestros mercados. ¿Cómo nos afecta esta situación?

 

Una característica de los alimentos manufacturados es su rápida disponibilidad, y su alto contenido en sal y grasas saturadas. Las industrias usan la sal porque con ella preservan un poco más los alimentos, ya que la sal inhibe el crecimiento de microorganismos, y además nos incitan a beber más, o lo que es lo mismo a consumir más. Pero tiene consecuencias negativas para nuestra salud, como es la aparición de la hipertensión y sus graves consecuencias en la incidencia de enfermedades cardiovasculares. A ello contribuyen también las grasas saturadas, utilizadas para dar sabor y enjundia a los alimentos. Es la relación sodio/potasio el factor que incide directamente en el riesgo de hipertensión, siendo el sodio suministrado por los alimentos manufacturados y el salero, mientras que el potasio es de procedencia vegetal.

 

Los alimentos transgénicos son, por otra parte, un tema muy debatido en la actualidad. ¿Qué son? Guardan relación con los organismos modificados genéticamente (OMG), que pueden ser microorganismos, plantas y animales. Entendemos por alimentos transgénicos aquellos que integran en todo, o en parte, estos organismos modificados, o bien que hayan participado en su producción. Tenemos todo tipo de alimentos transgénicos en el mercado, frescos, procesados y/o manufacturados, pero ¿son peligrosos para el hombre? La peligrosidad debemos entenderla como 1) directa para su salud, 2) para el medio ambiente, o bien, 3) el efecto sobre los mercados alimentarios. Hasta ahora no se ha reportado nada importante en cuanto al posible efecto nocivo de los alimentos transgénicos sobre la salud del hombre. Tan sólo se han publicado algunos casos de alergia, que fueron adecuadamente detectados y resueltos.

 

Mucho se ha debatido acerca del efecto de los alimentos transgénicos sobre el medio ambiente, en cuanto a que puedan alterar el equilibrio de las especies en un ecosistema, o incitar al agricultor a utilizar más herbicidas de los necesarios. El efecto sobre la biodiversidad también se considera negativo, si bien todavía no tenemos la experiencia temporal suficiente con estos alimentos, para asegurar o negar nada en este sentido. Podemos decir que estamos ante inquietantes posibilidades contra el medio ambiente, no confirmadas hasta la fecha.

 

Por último, los alimentos transgénicos son, por otra parte, el resultado de una investigación científica punta, desarrollada y patentada por las empresas más avanzadas, radicadas en Estados Unidos, lo que hace posible que la producción de alimentos por esta vía pueda ser monopolizada por unas pocas empresas, perjudicando seriamente a los pequeños agricultores, y pondría el control del abastecimiento alimentario en manos de unos pocos.

 

 

 

d) La manipulación social: anorexia y bulimia.

 

La manipulación de la dieta se basa en la necesidad de comer que tiene el hombre, lo que nos hace especialmente vulnerables, pues una parte importante del presupuesto de una familia se va en llenar la cesta de la compra. En este sentido se han modificado los hábitos alimentarios de la población para llevarnos a una forma de comer diferente, caracterizada por el uso de productos elaborados (hamburguesas, bollería, salchichas, etc.), en algunos incluso contraviniendo lo establecido por siglos de tradición. Estos productos suelen ser muy asequibles para la población y de fácil venta.

 

La manipulación de las personas es muy evidente en la sociedad de consumo, particularmente los niños, que son el sector más débil y manipulable de la población. ¿Quién se resiste a hacer feliz a un niño, aunque sea por unos minutos? Este resquicio en nuestro instinto se utiliza para hacer más de un gasto inútil que no beneficia a nadie. En nuestra sociedad ya han saltado las alarmas avisando del aumento de la obesidad infantil, y los altos niveles de colesterol en sangre que presenta esta población.

 

Resulta cada vez mas frecuente que la manipulación llega muy lejos, sobretodo en adolescentes, a los que de forma machacona se les hace llegar el mensaje de relacionar la belleza con la delgadez, cuando es obvio que ellos perciben, además, que la belleza es una forma de persuasión y de poder sobre los demás. Implícitamente se les dice que, si siguen los consejos publicitarios podrán participar de ese poder o esa belleza que tienen los modelos utilizados. Como consecuencia de esta manipulación se genera una obsesión por la delgadez, y por tanto por la dieta, que hace que estas personas sufran una disfunción hipotalámica, con síntesis de péptidos anorexigénicos que inhiben fuertemente el apetito, lo que tiene como resultado la inanición más severa. Estamos ante la anorexia nerviosa y cuando se cae en ella se necesita ayuda especializada para superarla, y existe un riesgo evidente de muerte.

 

La manipulación también afecta a los adultos, no hay mas que ver las recetas de cocina o bien las dietas milagro que aparecen antes de ponerse el biquini, o después de las fiestas en las que hemos ganado algún kilo de más. Ocupan numerosas páginas en revistas de todo tipo, pero muy especialmente de las dedicadas a la mujer.

 

 

 

3. Recomendaciones para una dieta sana

 

La Sociedad es consciente de estos problemas que hemos discutido y, con el ánimo de suministrar a la población unas referencias válidas, que nos permitan adquirir unos hábitos alimentarios correctos y nos ayuden a prevenir enfermedades degenerativas, se edita la famosa pirámide alimentaria, donde encontramos unas recomendaciones dietéticas basadas en estudios epidemiológicos. Recientemente, en el año 2003, se ha revisado la pirámide existente, ya que, a pesar de su reconocida eficacia, se han detectado fallos, que hay que corregir. La nueva pirámide nutricional se basa en primer lugar en el ejercicio moderado; ya lo dice el refrán, "la salud no está en el plato, está en la suela del zapato". También en el control del peso. La obesidad no es cardiosaludable, no podemos arrastrar el doble del peso para el cual está diseñado nuestro organismo. En la base de la pirámide tenemos los aceites vegetales, en especial el de oliva (el nuestro, el extremeño es de los mejores), los cereales integrales (la fibra sigue siendo importante), así como las verduras y hortalizas, cuya ingesta se recomienda a diario. También se recomienda beber 2 litros diarios de agua, y curiosamente este es un apartado que cumplimos muy poco. Los lácteos, legumbres, arroz y pastas están recomendadas al menos tres veces por semana, así como huevos, pescados y carne. Debemos ser moderados en el uso de suplementos vitamínicos y alcohol. Por su parte, se recomienda que los dulces y grasas saturadas se ingieran lo menos posible. De todo esto se deduce que han tenido que pasar décadas para que los científicos se convenzan de que la dieta tradicional mediterránea, que hemos llevado en nuestra tierra, es científicamente buena para la salud. Pero yo añadiría que también contribuye a eso el carácter de las personas y su actitud ante la vida, el clima que gozamos, la siesta, una vida no tan consumista y más interactiva. La calidad de vida es lo que hemos de conseguir y la dieta es un condicionante básico para ello.

 

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