CIEMAT
Dep. de Impacto Ambiental de la Energía. Avda. Complutense, 22. 28040
Madrid
INTRODUCCIÓN
Siempre hemos vivido en un medio con radiaciones, las cuales originan
un cierto nivel de exposición en todos los seres vivos existentes
sobre la Tierra. Desde la formación de la Tierra y hasta hace aproximadamente
un siglo la única exposición procedía de las llamadas fuentes naturales
de radiación. A estas fuentes han venido a sumarse, desde el descubrimiento
de la radiactividad, otras surgidas de las aplicaciones de dicho
descubrimiento y que denominamos fuentes artificiales. Actualmente,
por tanto, el nivel de exposición causante de la dosis de radiación
que recibe la población humana procede de un conjunto de fuentes,
clasificadas por su origen en naturales y artificiales, constituidas
por diferentes contribuciones con distinta intensidad. La apreciación
objetiva de la exposición a todas las fuentes, en términos de dosis,
ofrece una buena perspectiva de los diferentes impactos para su
comparación, ayudando a emitir juicios razonables sobre su valoración
y potencialidad de reducción.
La
exposición a las radiaciones ionizantes, cualquiera que sea su
origen, puede causar efectos perjudiciales sobre la salud. Para
dosis de radiación agudas y elevadas, los efectos son detectables
clínicamente en los individuos expuestos, poco tiempo después de
la exposición. Estos efectos se denominan deterministas porque
su aparición es segura cuando la dosis sobrepasa un nivel umbral,
siendo la probabilidad de ocurrencia nula a dosis bajas. La severidad
del daño aumenta con la dosis por encima del umbral, el
cual varía para cada tipo de efecto. Para dosis bajas de radiación,
también se considera la posibilidad de inducción de efectos, los
cuales son detectables sólo estadísticamente, no pudiendo ser relacionados
inequívocamente con la dosis de radiación recibida. Estos efectos
se denominan estocásticos o probabilistas debido a su carácter
aleatorio, no existiendo umbral demostrado por debajo del cual
no puedan producirse y siendo su probabilidad de ocurrencia (y
no su gravedad) proporcional a la magnitud de la dosis recibida.
Los efectos estocásticos pueden manifestarse tras un periodo de
latencia, aunque los mecanismos de reparación y defensa del cuerpo
humano hacen que esta manifestación sea muy poco probable para
las dosis pequeñas. A los fines de protección radiológica,
es preciso determinar un factor de riesgo nominal para la aparición
de efectos estocásticos, que se estima en base al conocimiento
actual.
La respuesta inmediata a la potencialidad de producción de efectos
perjudiciales sobre la salud es el establecimiento de un sistema
de protección radiológica adecuado tratando de reducir al máximo
todo tipo de exposición. En principio, la protección prestó atención
fundamental a las exposiciones procedentes de fuentes artificiales,
al ser éstas creadas por el hombre y, por tanto, susceptibles de
ser controladas y limitadas por él. Sin embargo, como se verá más
adelante, al ser las fuentes naturales las mayores contribuyentes
en promedio a la dosis de radiación que recibe la población humana,
actualmente se está poniendo énfasis en identificar acciones conducentes
a la posible protección contra las mismas, lo cual contribuiría muy
eficazmente a la reducción global de la exposición de la población
como conjunto y ayudaría a la optimización de los recursos dedicados
a la protección.
No se puede dejar de tener en cuenta, asimismo, el beneficio económico,
social y sanitario, producido por determinadas actividades cuya práctica
puede conducir a algún nivel de dosis de radiación. La Protección
Radiológica debe conjugar adecuadamente la protección contra los
efectos perjudiciales de la radiación, sin limitar indebidamente
dicho beneficio. Se ha conformado así un sistema de Protección Radiológica,
universalmente aceptado, aunque sometido a una permanente evolución
conceptual y de aplicación operativa, en función tanto del avance
en el conocimiento de las bases científicas que le sirven de apoyo,
como de la investigación y desarrollo tecnológico que le permiten
realizar progresivamente mejores medidas y evaluaciones.
A lo largo del texto se revisarán las principales fuentes de radiación
que producen exposición a la población humana, las bases científicas
y los principios fundamentales en los que se fundamenta el actual
sistema de Protección Radiológica y una panorámica global de la vigilancia
y control de la radiactividad ambiental y la evaluación de su impacto.
LAS FUENTES DE LA RADIACIÓN
El Comité Científico de Naciones Unidas para los Efectos de las Radiaciones
Atómicas (UNSCEAR en sus siglas inglesas), es la fuente más reconocida
internacionalmente en relación con la evaluación de la contribución
a las dosis de la población por las diferentes fuentes de radiación
existentes en el medio ambiente, cualquiera que sea su origen, y
la estimación de los efectos atribuibles a la radiación ionizante.
Este Comité ha publicado en el año 2000 el último de sus informes
exhaustivos, cuyas conclusiones principales tratan de resumirse a
continuación como muestra objetiva del estado actual en el tema [1].
De
lejos, la radiactividad natural ha sido y es actualmente la mayor
contribuyente a la dosis promedio de la población, alcanzando un
valor de 2,4 mSv por año como media mundial y oscilando
en un rango típico comprendido entre 1 y 10 mSv por año.
La radiación cósmica alcanza la superficie de la Tierra atravesando
la atmósfera, procedente del sol y otras fuentes de energía de nuestra
galaxia o incluso externas a ella. Esta radiación consiste en partículas
cargadas de diferentes energías, teniendo también una componente
neutrónica. Su intensidad aumenta con la latitud, al estar afectada
por el campo magnético terrestre y, en mayor grado, con la altitud
del lugar, al disminuir el efecto blindaje que ejerce la atmósfera.
Esta variación con la altitud es significativa, duplicándose la dosis
cada 1.500 m en los primeros kilómetros, lo que significa, por ejemplo,
que los habitantes de ciudades como Teherán o Méjico reciben el doble
de dosis por esta causa que los de Londres o París y también una
cierta dosis adicional como por viajes aéreos frecuentes. Su principal
vía de exposición es la irradiación externa, con una ínfima contribución
a la exposición interna por la incorporación al organismo de radionucleidos
(tritio, berilio-7, carbono-14 y sodio-22, fundamentalmente) resultantes
de la interacción de los rayos cósmicos con los componentes de la
atmósfera.
La
exposición, tanto interna como externa, debida a las fuentes terrestres,
procede de los elementos radiactivos naturales presentes en los
materiales de la corteza terrestre y su distribución en otros componentes
de la biosfera. Dichos elementos son los llamados primordiales,
como el potasio-40, y los componentes de series radiactivas naturales
cuyas cabezas, uranio-238, uranio-235 y torio-232, existen en la
tierra desde su formación dado sus muy largos periodos de semidesintegración.
De entre las exposiciones debidas a las fuentes terrestres, la
contribución a la irradiación interna por inhalación de radón-222,
gas noble radiactivo perteneciente a la serie del uranio-238, asciende
en promedio a 1,2 mSv por año, lo que supone el 50% de toda
la exposición media por fuentes naturales, alcanzando valores de
10 mSv por año y superiores, en áreas con altos contenidos
de radio-226. La concentración de radón en interiores de edificios
es significativamente más alta que al aire libre, donde puede dispersarse;
de ahí que la mayor parte de la dosis por radón se reciba en interiores.
Entre las fuentes de radiactividad artificial contribuyentes a la dosis
de radiación de la población se encuentran las exposiciones médicas,
el ciclo del combustible nuclear, incluyendo la operación de centrales
nucleares, las antiguas explosiones nucleares en atmósfera, causantes
de contaminación a escala mundial, los accidentes con consecuencias
ambientales y otras fuentes de uso industrial, si bien éstas limitan
su posible exposición a los profesionales que las manejan, sin afectar
a la población general, salvo pérdida de control o accidente. Con
excepción de las exposiciones médicas, cuya contribución a la dosis
promedio se estima en 0,4 mSv por año, el resto de fuentes
artificiales tiene escasa contribución a la dosis promedio de la
población. A pesar de ello, la preocupación social es mucho mayor
para estas fuentes, menos contribuyentes a la exposición total.
Además de las citadas fuentes naturales y artificiales existe otro
grupo a caballo entre ambas constituido por procesos humanos, en
su mayoría de carácter industrial que producen una alteración de
las concentraciones de radionucleidos naturales en el medio ambiente,
provocando una modificación en sus niveles de exposición originales.
Entre estas actividades industriales modificadoras de la radiactividad
natural, cabe citar como más significativas la minería y combustión
del carbón, los procesos industriales de producción de fosfatos y
el uso de productos o subproductos de estos procesos tales como los
fertilizantes fosfatados en agricultura o los fosfoyesos en la construcción
de edificios. Aún con la existencia de situaciones especiales, que
pueden afectar a grupos de población reducidos, su contribución a
la dosis global de la población en promedio no es significativo frente
a los valores citados de exposición por fuentes naturales.
VIGILANCIA Y COMPORTAMIENTO DE LA RADIACTIVIDAD EN EL MEDIO
En
todas las situaciones en que la población puede resultar expuesta
como consecuencia de vertidos planificados o accidentales de radiactividad
al medio ambiente, es necesario realizar una evaluación del impacto
radiológico asociado. La aplicación de la protección radiológica
a esta evaluación utiliza dos aproximaciones diferentes, aunque
complementarias. Una, que podemos denominar vigilancia radiológica,
está basada en la realización de mediciones directas (discretas
o continuas) y en la obtención de muestras representativas posteriormente
sometidas a procesos analíticos y de medida, para lograr determinar
los niveles de radiación o radiactividad en los componentes del
medio. La otra se basa en la predicción de dichos niveles, a partir
de un término fuente causante de la liberación, o de la distribución
accidental de radionucleidos, mediante modelos de comportamiento
ambiental. Ambas se complementan, ya que pueden apoyarse mutuamente,
bien para optimizar el diseño de la vigilancia desde la
predicción, bien para comprobar lo adecuado de la predicción mediante
su comparación con datos reales. Es evidente que estas aproximaciones
no pueden hacerse sin el apoyo de investigación medioambiental
y el desarrollo paralelo de fuertes capacidades tecnológicas).
La disciplina científica que agrupa la investigación sobre el comportamiento
ambiental de los materiales radiactivos y su transferencia hasta
el hombre a través de las cadenas ecológicas y alimentarias se conoce
con el nombre de radiecología y su primer objetivo es comprender
como las interacciones entre la radiactividad, el medio y el hombre
afectan a la exposición a las radiaciones, estableciendo los mecanismos
que gobiernan tales interacciones y los principales parámetros que
los cuantifican. El principal estímulo para el comienzo de la radiecología
fue la inyección masiva de material radiactivo al medio, debida a
las explosiones nucleares que se realizaron en los 50 y 60. A ello
se unió el gran desarrollo de la industria nuclear, cuya operación
normal libera cierta cantidad de radiactividad adicional, siempre
sometida a valores planificados y autorizados.
Surgió
así una necesidad de aplicación de la protección radiológica, al
ser preciso demostrar la limitación del impacto radiológico, impuesta
ya desde el diseño para la autorización de operación de
instalaciones susceptibles de originar un incremento en la radiactividad
ya existente en el medio. Para ello se han desarrollado modelos,
de carácter conservador, predictivos de la dispersión, transporte
y transferencia de la radiactividad desde el foco emisor hasta
el hombre, identificando las vías críticas de exposición y estimando
la dosis que puede resultar por cada una de ellas. Su carácter
conservador se debe a que están destinados únicamente a demostrar
que no se alcanzarán determinados niveles de impacto.
Por otro lado, es preciso establecer programas de vigilancia radiológica
durante la operación de la instalación, que garanticen el control
de los niveles de radiación y radiactividad esperado en los distintos
componentes de los ecosistemas, a los cuales pueden ser incorporados
y transferidos los radionucleidos, una vez liberados al medio. Para
ello se exige la detección de muy bajas concentraciones de radiactividad,
lo que ha impulsado el desarrollo de metodologías analíticas y tecnologías
instrumentales de detección y medida. El nivel de desarrollo actualmente
alcanzado es totalmente consistente para cumplir los objetivos de
protección radiológica en cuanto a los límites requeridos. Este proceso
de detección es muy complejo en su conjunto y debe estar sometido
a controles de calidad, garantizando un elevado nivel de confianza
en el resultado final que asegure no sólo la precisión analítica,
sino la exactitud del método empleado. Los resultados obtenidos por
distintos laboratorios, deben ser comparables entre sí y garantizar
su trazabilidad al Sistema Internacional, lo cual sólo puede lograrse
mediante la participación en ejercicios de intercomparación de carácter
multinacional.
La ocurrencia de liberaciones accidentales de radiactividad al medio
ha provocado la reconsideración de los modelos conservadores utilizados
para la predicción del impacto radiológico por operación normal.
En estos casos pueden requerirse acciones para la restauración del
medio contaminado y su optimización es un condicionante esencial,
por lo que la predicción de flujos de radiactividad no puede basarse
en hipótesis conservadoras sino realistas. La radiecología actual
tiene esta línea de investigación como prioritaria.
LA BASE CIENTÍFICA DE LA PROTECCIÓN RADIOLÓGICA
La radiación ionizante puede producir cambios a nivel atómico y molecular.
En una célula viva, algunos de estos cambios, derivados del daño
producido al ADN de su núcleo, pueden tener consecuencias a corto
o a largo plazo. Si el daño inducido no es adecuadamente reparado
puede afectar a las funciones celulares esenciales o a la división
normal de la célula. El resultado será la muerte celular inmediata
o tras un pequeño número de divisiones, o bien una transformación
celular con producción de células hijas modificadas. Estos resultados,
como se adelantó en la Introducción, pueden dar lugar a distintos
tipos de efectos, deterministas (efectos tempranos), para altas dosis
de radiación o estocásticos (efectos tardíos) en el rango de dosis
bajas. Se subraya de nuevo que los mecanismos de reparación y defensa
del cuerpo humano hacen que la manifestación de efectos estocásticos
sea muy poco probable para las dosis pequeñas.
El
nivel actual del conocimiento, resultante fundamentalmente de los
estudios epidemiológicos efectuados en la población japonesa de
Hiroshima y Nagasaki y otros grupos expuestos a dosis de radiación
altas, ha permitido inferir una relación lineal dosis-efecto para
las dosis y tasas de dosis bajas. Los resultados de muchos estudios
epidemiológicos, realizados sobre grupos de trabajadores o poblaciones
en el rango de dosis bajas, están afectados por incertidumbres
significativas y dificultades prácticas que conducen a un insuficiente
nivel de confianza estadística de los estudios. Estos datos no
son estadísticamente válidos para confirmar o excluir una relación
lineal entre incremento de dosis equivalente y probabilidad de
un determinado efecto estocástico.
Una dificultad importante en los estudios epidemiológicos es estimar
el número de efectos estocásticos que todavía no han aparecido en
el momento en que están siendo estudiadas las poblaciones. En la
mayor parte de los casos el exceso de mortalidad radioinducida, después
de un periodo de latencia, parece mostrar el patrón temporal de la
misma enfermedad producida naturalmente. Esto permite establecer
una sencilla proporción entre la mortalidad natural y el exceso radioinducido
para todo el periodo posterior al de latencia, obteniéndose así un
modelo multiplicativo de predicción de riesgo. La aproximación alternativa
es suponer que el exceso de mortalidad sea independiente de la mortalidad
natural, lo que supone un modelo aditivo de predicción de riesgo.
Las predicciones así obtenidas son un 50% más bajas que con el modelo
anterior, pero este modelo no parece ser tan consistente con la mayor
parte de las observaciones epidemiológicas. Como consecuencia de
la dificultad de registro de la incidencia de enfermedad, casi siempre
se manejan datos de mortalidad. Sin embargo, también debe tenerse
en cuenta la influencia de aspectos tales como las variaciones interpoblacionales,
entre distintos sexos, etc.
Con todas estas dificultades se ha estimado un coeficiente nominal
de probabilidad de efectos estocásticos “fatales”, para
relacionar la probabilidad de aparición de un determinado cáncer
mortal con la unidad de dosis efectiva, con un valor de 5.10-5 mSv-1.
Su interpretación es la existencia de una probabilidad de 5 en 100.000
de aparición de un cáncer mortal por cada mSv recibido. Si se pondera
este coeficiente teniendo en cuenta la posible aparición adicional
de cánceres no mortales, estimada en un 20 % del valor citado, y
la probabilidad de inducción de efectos hereditarios, estimada en
1,3.10-5 mSv-1, se obtiene un coeficiente nominal de probabilidad
para todos los efectos estocásticos de 7,3.10-5 mSv-1. A título de
comparación puede citarse que una actividad que suponga una probabilidad
de muerte de 1 en 10.000 es considerada “muy segura”,
considerándose “aceptables” actividades con probabilidad
de muerte de 1 en 1.000 para grupos que conocen el riesgo, saben
protegerse y reciben un beneficio directo por realizar la actividad
2.
Los valores de las dosis agudas de radiación que son capaces de producir
efectos deterministas (clínicamente detectables) se conocen con un
grado razonable de precisión. Como esos efectos se producen con dosis
relativamente elevadas, existen suficientes datos fiables de los
cambios en ciertos parámetros fisiológicos tales como las alteraciones
cromosómicas o hematológicas, que en combinación con ciertas variables
físicas hacen incluso posible realizar una dosimetría biológica.
No obstante, últimamente, se ha puesto de manifiesto que no hay un
conocimiento suficiente sobre los niveles umbrales de producción
de estos efectos deterministas en los casos de irradiaciones crónicas
que persisten en el tiempo.
EL MARCO CONCEPTUAL DE PROTECCIÓN RADIOLÓGICA
El sistema de protección radiológica está proyectado para evitar la
aparición de efectos deterministas, manteniendo las dosis por debajo
de umbrales significativos, y para asegurar que se toman todas las
medidas razonables para reducir la probabilidad de inducción de efectos
estocásticos [2]. Existe un alto grado de convencimiento en la comunidad
científica relacionada con la protección radiológica, acerca de que
el nivel de conocimiento científico actual, sobre el que debe basarse
el sistema, constituye una base aceptable para un sistema de protección
conservador. La reevaluación de los resultados epidemiológicos derivados
de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki apuntó hacia un nivel
de riesgo para las exposiciones de bajo nivel de dosis mayor que
el anteriormente estimado. Ello unido a la evidencia de que algunos
grupos profesionales no relacionados con la exposición profesional
a las radiaciones podían alcanzar niveles de exposición debidos a
radiación natural, fundamentalmente por alto contenido de radón en
el ambiente de trabajo, muy superiores a los límites prescritos para
la exposición ocupacional, llevó a una revisión de las normas y recomendaciones
en materia de Protección Radiológica.
El
actual marco conceptual de protección radiológica, establecido
por la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP en
sus siglas inglesas) [2], proporciona las recomendaciones y criterios
operativos aplicables a las diversas situaciones que requieren
protección (p.e. energía nuclear, aplicaciones médicas de la radiación,
exposiciones crónicas a radiaciones de origen natural). Estas recomendaciones
han sido desarrolladas por organizaciones intergubernamentales
tales como las Agencias de Naciones Unidas y la Agencia de Energía
Nuclear de la OCDE y también por la Unión Europea [3] [4], e incorporadas
a las normas y regulaciones nacionales de la mayoría de los países.
El sistema hace distinción principal en dos tipos de situaciones, las
denominadas Prácticas, actividades planificadas de antemano que conducen
a un aumento o una probabilidad de aumento en la exposición a la
radiación de fondo, al introducir una nueva fuente de radiación y
las denominadas Intervenciones, que son actividades dirigidas a reducir
la exposición existente por la radiactividad presente de hecho en
el medio. Tanto para prácticas como para intervenciones puede afirmarse
casi con certeza que determinadas exposiciones se van a producir
con una magnitud predecible dentro de cierto margen de error. Otras
exposiciones que pudieran tener lugar con una determinada probabilidad,
se denominan “exposiciones potenciales”. Aunque estas
exposiciones deben considerarse como parte de la evaluación de las
prácticas, si se dieran, podrían requerir algún tipo de intervención.
También se distingue entre tres tipos de exposición: profesional, cuando
tiene lugar en el trabajo y principalmente como resultado del mismo;
médica, cuando se recibe como consecuencia de un diagnostico o tratamiento
y exposición del público que comprende los restantes casos. En función
del tipo de exposición, el control puede hacerse en la fuente, en
el medio o en el propio individuo.
El
sistema de protección en prácticas se basa en los siguientes principios:
- Justificación: No deberá adoptarse ninguna práctica que implique
exposición a radiaciones a menos que proporcione suficiente beneficio
a los individuos expuestos o a la sociedad como para compensar el
detrimento por la radiación que produce.
- Optimización: El riesgo radiológico debe mantenerse tan bajo como
sea razonablemente posible. En relación con cualquier fuente particular
existente en una práctica, la magnitud de la dosis individual, el
número de personas expuestas, la probabilidad de que ocurran exposiciones
imprevistas deben de mantenerse tan bajos como sea razonablemente
posible teniendo en cuenta factores económicos y sociales. La optimización
deberá estar condicionada por la restricción de las dosis o los riesgos,
de modo que se limiten las desigualdades que puedan resultar de las
valoraciones económicas y sociales, ya que es poco probable que la
distribución de los beneficios y detrimentos resultante del proceso
sea homogénea para el conjunto de la sociedad. A tal efecto, se recomienda
generalmente un valor no superior a 0,3 mSv al año como restricción
de dosis de una práctica.
- Límite de dosis o riesgo individual: Las exposiciones individuales
resultantes de todas las prácticas relevantes deberán someterse a
límites de dosis o a determinados controles del riesgo en caso de
exposiciones potenciales. Estos tiene por objeto asegurar que ningún
individuo está expuesto a riesgos de irradiación inaceptables en
circunstancias normales. No todas las fuentes son susceptibles de
control actuando sobre la propia fuente y es necesario especificar
que fuentes van a incluirse como relevantes antes de seleccionar
un límite de dosis.
Centrándonos en la limitación de dosis al público, las recomendaciones
ICRP se resumen en:
- Límite de dosis efectiva de 1 mSv en un año. Bajo circunstancias
excepcionales sepodría permitir una dosis efectiva más alta en un único
año, siempre que la dosis media en cinco años consecutivos
no sea superior a 1 mSv por año.
- Dosis equivalente en el cristalino de 15 mSv en un año.
- Dosis equivalente en piel de 50 mSv en un año.
El sistema de protección en intervenciones se basa en los siguientes
principios:
- Justificación: La intervención propuesta deberá proporcionar más
beneficio que daño, es decir, la reducción en el detrimento
resultante de la reducción de la dosis deberá ser suficiente para
justificar el daño y los costes, incluyendo costes sociales,
de la intervención.
- Optimización: La forma, escala y duración de la intervención deberán
optimizarse de modo que el beneficio neto de la reducción de dosis,
es decir el beneficio de la reducción del detrimento por irradiación,
menos el detrimento asociado a la intervención deberán maximizarse.
No son aplicables límites de dosis en las intervenciones. Los dos principios
anteriores podrán conducir a niveles de intervención que suponen
una guía acerca de en qué casos la intervención es adecuada. Habrá
determinados valores de la dosis proyectada, por encima de los cuales
la intervención estará casi siempre justificada, debido a la posibilidad
de ocurrencia de efectos deterministas graves. ICRP ha recomendado
[5] el uso de niveles de referencia genéricos que pueden expresarse
en función de la dosis anual existente. El uso de estos niveles debe
conducir a facilitar decisiones oportunas sin provocar discordancias
con los principios de justificación y optimización.
CONCLUSIONES
Dado
que la radiactividad es en gran parte consustancial al mundo en
que vivimos, la descripción de las fuentes que la originan, su
evaluación, la investigación sobre los procesos y vías que pueden
suponer exposición a la población y la base científica para el
conocimiento de los mecanismos de producción y reparación de efectos,
ofrecen una adecuada perspectiva y una base razonable en la que
apoyar las acciones de protección. Existe un alto grado de convencimiento
en la comunidad científica relacionada con la protección radiológica,
acerca de que el nivel de conocimiento científico actual constituye
una base aceptable para un sistema de protección conservador. A
la vez, subyacen en el sistema condicionantes éticos conducentes
a garantizar que su aplicación no redunda en una distribución heterogénea,
tanto de los beneficios económicos, sociales y sanitarios producido
por determinadas actividades cuya práctica puede causar algún nivel
de dosis de radiación, como de los efectos perjudiciales que pueden
producir.
No obstante, la protección radiológica es un campo dinámico sometido
a una permanente evolución conceptual y de aplicación. Es previsible
que la actual investigación en curso contribuya a mejorar el tratamiento
para la solución de determinadas situaciones de exposición crónica,
como las debidas a radiación natural, accidentes, prácticas antiguas,
o exposiciones potenciales como las que pueden resultar del almacenamiento
de residuos radiactivos. La información procedente del área de la
biología fundamental mejorará en los próximos años las bases
de apoyo de la protección. Es exigible además, un esfuerzo notable
para mejorar la comprensión pública en relación con estos temas,
generando información objetiva y bien fundada científicamente.).